El director Bruno Walter describía en 1947 el fuego que le arrasó desde que la primera nota de Tristán inflamó sus oídos: Yo ya no pertenecía a este mundo.
Wagner era un genio, con o sin opiáceos sobre la mesita de noche, así que aquello debía de tener un propósito, cómo no: «Al punto reconocí que se había abierto paso en mí, tal como lo llevaba dentro pero sin haberlo podido encontrar exactamente,.
Antes que él sólo un pianista había logrado arrebatar a los auditorios hasta el paroxismo, Liszt, de manera que Paderewski se propuso emularlo.En una entrevista transmitida descuentos en restaurantes pamplona por la rias desde Berlín el día de Año Nuevo de 1983 (68 años) Menuhin reconoció lo siguiente: No me agradan las masas humanas.Buenos Aires: Editorial Schapire, 1946.Ravel hubiera sido capaz de hacer todo lo que hizo Satie obligado por una pistola en la sien.Para Debussy la mitad de la vida cotidiana era esfuerzo y la otra mitad superstición, ya que debía abrir paquetes y cartas con una larga daga con mango de jade, aunque si venían atados con varios nudos de cuerda debía desanudar con paciencia cada uno.La visita a su natal Lodz (Polonia) de una pequeña orquesta le dejó maravillado.Ya no me quedaba nada, la vida me había puesto entre la espada y la pared.
Las localidades se vacían.
Si para Schopenhauer la máxima era «no proferirás el nombre de Kant regalos de cumpleaños originales para hombres chile en vano para Brahms era «amarás la unidad tonal sobre todas las cosas».Madrid: Alianza Música, 1986.De hecho sólo ingería agua embotellada por miedo a los gérmenes que contenía el agua corriente, y ya desde joven había evitado la ingesta de bebidas espirituosas, concretamente desde que en casa de Leonard Bernstein bebiera unos tragos de alcohol y, puesto al piano,.Corría el mes de abril de 1771 cuando con sus quince años recién cumplidos viajó con su padre Leopold a Roma, donde tuvieron ocasión de asistir a la audición del famoso Miserere de Gregorio Allegri, cuya partitura los cantores de la escolanía ocultaban celosamente.Manuel de Falla también era bastante supersticioso; dado que el número siete ejercía sobre él una poderosa atracción se le ocurrió dividir su vida en períodos de siete años, algo que, la verdad, ya había sido adoptado por Goethe, quien dividía en heptenios su actividad.



Ese mismo miedo fue el que persiguió de por vida a uno de los mejores pianistas de todos los tiempos: Ignacy Jan Paderewski.

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